“Siete islas, siete mujeres”

Un artículo de Roberto C. Melo López.

Fotografía: Proyecto Guanil

Sin duda que la mujer tenía un significado mágico y religioso para las culturas indígenas asentadas en las siete islas Canarias, está muy documentada la existencia de divinidades femeninas. La Diosa Madre ha sido adorada por toda la humanidad desde los tiempos más remotos bajo mil nombres, atributos y aspectos, en diferentes culturas aun cuando estas están separadas en el espacio y el tiempo, prueba evidente de que la adoración a la Diosa Madre Universal surgió al mismo tiempo que el intelecto humano. El sincretismo religioso al que fueron sometidos los indígenas del archipiélago es prueba de ello, son muchas las imágenes marianas que van apareciendo en los diferentes lugares de las costas, como parte de la estrategia evangelizadora que acompañó la conquista de las islas Canarias y cómo los antiguos habitantes de estas tierras las hicieron suyas como una imagen de la diosa madre.

 

Pero el motivo de este artículo es otro bien distinto, simplemente se trata de realzar el papel de la mujer en la antigua sociedad de los primeros pobladores de nuestras islas, así es que me pareció oportuno escoger y destacar el papel  tan decisivo que tuvieron siete mujeres, una de cada una de las islas, a modo de selección y homenaje a todas las mujeres indígenas que sufrieron en propias carnes el gran cambio cultural y el derrumbamiento del mundo que habían conocido, antes que las blancas velas de barcos aparecieran en el horizonte.

 

Maxorata (Fuerteventura).  La primera de ellas ni siquiera es una mujer, es su nombre escrito en la piedra, Timamasi, un nombre de mujer que al parecer es la primera inscripción en la que se ha podido leer una «genealogía de parentesco» descubierta en un yacimiento rupestre de Fuerteventura, en el que se escribieron en lengua líbica antigua nombres de personas emparentadas empleando dos alfabetos contemporáneos distintos. En él se ha grabado en líbico-latino «hijo de Makuran y de Timamasi, hija de Timamasi» y en líbico-bereber «hijo de Makuran». Sin duda una mujer importante Timamasi para que su nombre quedara grabado para siempre en la piedra.

Tyterogata(Lanzarote). Teguise, princesa indígena de Lanzarote, hija de Guadarfía. Es un ejemplo de cómo todo cambió, la alianza matrimonial entre el europeo Maciot de Bethencourt y Teguise se revistió de un carácter simbólico que hacía posible el entendimiento entre los dos grupos humanos representantes de las culturas presentes en la isla, puesto que cada conjunto social tenía su representante en esta unión. Así esta alianza emparentaba a las dos sociedades y permitía la continuidad del poder por la unión de personas socialmente diferentes. Práctica habitual en los sucesivos episodios de la conquista de las islas.

Canaria (Gran Canaria). La reina niña, Arminda, contaba con unos doce años cuando fue entregada a los castellanos como prueba de paz tras la rendición de los últimos canarios que resistían en la fortaleza de Ansite el 29 de abril de 1483. Estamos, pues, ante un personaje histórico que vivió en primera persona los últimos años de la sociedad prehispánica de Gran Canaria y tuvo acceso directo, como miembro de la elite dirigente de aquella sociedad, al complejo mundo de ritos y símbolos. Una vez bautizada, Arminda se casó con un personaje notable de la nueva sociedad y con el nombre de Catalina de Guzmán formó parte de la alta sociedad formada inmediatamente después de la conquista de la isla. Arminda es un nexo de unión entre ambas sociedades, un ejemplo de adaptación a la nueva realidad social y uno de los ejemplos más claros del carácter sincrético de la sociedad canaria tras la incorporación de la isla a la corona de Castilla.

Chinech (Tenerife). Yo la definiría como un vientre real, María de Adexe, hija del mencey de Adeje D. Diego de Adexe (Pelinor), aparece con el nombre de María de Adexe, María de Lugo y María Díaz. Casada con D. Pedro de Adexe, un pariente muy cercano y en segundas nupcias con Andrés de Llerena o de Güímar, considerado “guanche principal del bando de su apellido”. María de Lugo representa a la mujer guanche que se adapta a las nuevas normas sociales, pues no sólo es una de las pocas mujeres que recibe tierras a su nombre en las datas, sino que además consigue la tutela de sus hijos y sus descendientes. Y no solo gozaron de cierta consideración en la nueva sociedad, sino que perpetuaron su linaje a través del tiempo hasta llegar a la sociedad actual.

Benahoare (La Palma). La aborigen que gestionó la paz. Francisca de Gazmira.

La conquista de la isla fue extremadamente fácil para el Adelantado gracias a una aborigen llamada Francisca de Gazmira la cual logró que la mayoría de los bandos se constituyeran en paz. El Adelantado rompió su promesa y la mayoría de estos aborígenes fueron torturados, vendidos y esclavizados. Es aquí donde Francisca de Gazmira hace historia denunciando ante SS.MM los Reyes católicos las artimañas que se estaban ejecutando contra el pueblo aborigen. Francisca descubre el engaño por parte del Adelantado y es trasladada a Madrid en noviembre de 1494 donde la toman declaración y demuestra la realidad de los abusos al pueblo Benahoarita. Dicho pleito duró hasta el 18 de agosto de 1514 donde no se podía vender ningún esclavo procedente de La Palma ni de Tenerife. Fernández de Lugo como venganza, organizó una guerra contra los habitantes de las «Cuevas de Ferrera» hogar de los familiares de Francisca donde obtuvo más de 200 cautivos entre hombres, mujeres y niños. Francisca detuvo la venta de más de 3.000 esclavos en total y estos fueron devueltos a Canarias por orden de la Corona.

 

Gomera (La Gomera). Iballa se refleja fugazmente en las páginas de nuestras crónicas como una bella muchacha indígena, cuyo pasado se desconoce y su destino se mezcla con la cueva de de Guahedún, escenario de sus furtivos amores y del asesinato de su aristocrático galán, las cuales desaparecen en la vorágine de la revuelta subsiguiente, sin dejar huellas que nos permitan conocer con certeza su destino, aunque presumiblemente siguieron el penoso camino de una muerte por venganza o una forzada y oscura esclavitud.

 

Eseró (EL Hierro). Agarfa, su nombre se ata a la leyenda del Garoé, recuerda cómo los bimbaches quisieron esconder el agua para echar de la isla a los conquistadores muertos de sed. Y para ello ocultaron al Garoé. Nadie podía contar este secreto si no lo castigarían con la muerte. Agarfa fue una princesa bimbache que se enamoró de un guerrero de las tropas de Bethencourt, y le contó el secreto del agua. Esto llevó al fin del pueblo bimbache, que reprochó su conducta y cumplió con el castigo.

Siete islas y siete mujeres que se unen en este artículo para homenajear a las muchas indígenas que fueron presa de los grandes cambios históricos que les tocó vivir. Muchas de ellas dejaron probada descendencia que conforma gran parte de la población canaria actual.

Un artículo de Roberto C. Melo López.

 

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